Fiestas Matronales 2020: Participaciones del Taller de Metáfora impartido por Dora Moro

Dora Moro
(Guadalajara, Jalisco)
Estudió Diseño, Artes Plásticas y Literatura. Es autora de los libros de poemas La Apuesta (ed. Alforja, 2007), Por si la Recua (ed. La Zonámbula, 2007), Geodón (Luzzeta 2018).
En 2011 ganó el premio Letras del Bicentenario Sor Juana Inés de la Cruz (segundo lugar) con el libro Veinticinco Sesentayocho, (Biblioteca Mexiquense de Cultura, reed. 2014). Sus poemas han sido traducidos al francés.
Imparte cursos y talleres de literatura desde el 2005. Actualmente imparte el taller Epígrafe y trabaja en Casa Teodora, hogar de las artes gráficas y textiles. Sus libros se encuentran en el acervo de la Biblioteca de Alejandría en Egipto.





Ana Guerrero
Por: Ana Guerrero

Yo, Ana, desde el escenario de tu cuerpo
invitó a que vean su desmembramiento
amó el ocio de tirarme voluptuosa en el sillón
mirar el techo, perdida en el espacio-tiempo.
Caminé sin rumbo y sin historia, simplemente rodé
de mí solo queda la huella que borró la lluvia
afortunada fuiste tú que pasaste desapercibida
te busqué en el hospital, en la cárcel, en el bar, a la vuelta
de la esquina encontré tu sombra, quise saltar de ella y huir.
Cansada me refugie en el amplio cuarto de la soledad
tú seguiste rutas distintas, fuiste amiga, esposa, hermana,
tía, maestra hasta feminista
desde la imagen virtual del espejo, como voyerista,
atisbé cada uno de tus actos
ajena me ignoraste
al final, cara a cara, con gusto te veré morir.


Yo María Soriano la creación perfecta de la divinidad
 
Por: María Cervantes Soriano 

Humana, espiritual, prima de la razón, amiga del amor, hermana de la vida. Hacedora de enigmas, de lluvias cálidas, de sonidos a flor de piel, de futuros coloridos, de fe incalculable y de una fuerza de ave fénix. Comprometida con la vida, con las almas nuevas llenas de caminos incógnitos, pero memorables. Mi paso por este mundo es un destello intermitente de esferas aerostáticas, de remolinos cálidos y barro perfumado, de sabores místicos y de olores picantes. Sí una vida común pero llevada al límite, con sueños por experimentar, con amaneceres perfectos y noches de luciérnagas con música de jazz que elevan mi espíritu hacia el creador.


Entretiempo

Por: Elena Uitzil


Yo,  he explorado en mi recorrido de vida, lugares con huella así como desconocidos y lejanos, atravesé prados, puentes, ríos, estaciones de ferrocarril,  pies de  Artemisa en busca de aventuras siguiendo a los ciervos.


Mi boca ha disfrutado el sabor a moras, sandias, pitahayas, cerezas, café, el néctar de un cuerpo anhelante y desfallecido;

Mis ojos se han regocijado de lunas, del cielo azul, del manto de la noche,  del color de otoño; 

se nutrieron con miradas dulces, tristes, anhelantes, vibrantes, de témpanos, acusadores.


Mi piel se ha estremecido ante  el fuego efímero 

y mi sangre ha palpitado como los caballos al viento en cabalgata hasta el éxtasis.


Mis oídos han escuchado con deleite bellos cantos, 

palabras de miel, palabras de sal, palabras de breves instantes al compás de lluvia de estrellas, palabras que desgarran el alma y  voces de helado fuego.


He aspirado el olor a tierra mojada… a  muerte, la dulce esencia de un ser naciente, el aroma de frutos frescos que despides con un ligero  equilibrio entre lo dulce y acido.


Mis brazos de cuarto creciente han arrullado los frutos de esa dulce armonía

 de la llama y mi locura de amor.


En Otoño…

Descanso en mi luna, escucho las hojas en su vuelo caer

dejando una alfombra de Aladino para recorrer nuevas rutas.

Unas pisadas las rompen

me alertan, breve instante que envuelve y aturde.

Ahí estas… llegando…mas no te veo, solo te percibo

me vistes con buganvilias de colores

tus manos me recorren,

tu cuerpo con el mío es simetría ondulante.

Un efímero instante…

Mi luna se mueve, me levanto sobresaltada y aspiro

el dulce aroma de frutos frescos.

 

¿Acaso fue una ráfaga de luz de luna en una noche de otoño?

¡Amado amante! 

¡Qué sigiloso hieres!



Poema a partir de mi nombre

Por: Luz Borja


Yo, Luz Borja
Soy memoria, 
sombra inacabada del olvido
Rocío de ilusiones que desmoronadas 
se hacen brisa y se escapan.
Sobre el agua reflejo ajeno.
Soy el velero que se perdió en el océano,
las olas que se adelantan y retroceden.
Soy el objeto que el mar trajo de otro lugar.
Inexacta, indecisa.
Soy por mera existencia.
Antes de mí fui nada
Y después de mí seré...


Mi manifiesto

Por: Alicia Hernández


Yo Alicia, la de la voz para adentro, por amar los abismos me han
crecido alas.
Me imagino galaxia, con sus mundos y sus soles, con su caos y
colisiones.
En algún tiempo quise explicarme; a buena hora decliné. Prefiero
sentirme.
Me esmero en buscar la noche carbón. Ansío quebrarla para mirar su
corazón negro, mi elixir y de a poco, guardarme en su silencio.
Tengo sed de silencio-abismo
Y ascender abajo.


Otro YO

Por: Edith Sauer


Yo, Edith Sauer, me pregunto quién soy. Si no doy mi apellido, entonces sabré mejor quién soy, esto es lo que creo, pero he luchado durante días para nombrar a ‘Edith’ al mismo tiempo que mi apellido. Y si escuchara el nombre de mi madre, sería... aún más atrevido, más extraño, aún más controvertido. Y este, a su vez, también es el nombre de su padre.
¿Me estoy distrayendo ahora de mí misma o me siento aún más atraído por lo que soy?  ¿Soy un nombre? Ciertamente no, al menos no uno solo, o al revés, ¿quién soy yo sin nombre? ... ¿sin nombre sigo siendo alguien?
Por lo menos aquí estoy Edith. Mis amistades saben de quién están hablando, o le agregan "la alemana". En mi país se habla de la Sra. Sauer... ahí no tengo nombre, solo apellido . La tarea de describirme como Edith Sauer causa una rara dificultad, porque hay toda una historia ahí.
Soy la niña intimidada, la hija de mis padres, quien lleva el nombre de la amiga de mi madre que se perdió en la guerra, y además de mi madre y el recuerdo del apellido de mi padre, porque ese nombre ya no se usa tampoco. Entonces, soy también la historia de mi matrimonio, de mi suegra, aunque usara el nombre de mi suegro y su hijo, débiles, impregnado por la madre dominante...
Soy también una historia de las autoridades migratorias de este país, la voz áspera que interrumpió amenazadoramente mi comentario correctivo de que mi nombre está escrito con U y no con V, y así tengo una historia como salvadora, ‘saver’, o  como la que sabe; hasta que casi estuve ahogándome enredada en la espesa maraña de la burocracia y me coloqué de nuevo bajo la dictadura masculina. Mientras tanto, he podido hacerme fuerte durante unos años con mi propio nombre, con saber, al menos un poco, con salvar, usando el idioma vecino. Lo suficientemente cerca, como dijo una vez el guardia fronterizo, reconociendo las dificultades comunes de la ortografía mexicana. 
Así ¿quién eres, Edith Sauer?  

Patricia Flores

Por: Patricia Flores

Yo, Patricia Flores, mujer de kilométricas y torpes ramas, que,
aunque secas lucen, a veces reverdecen
y dictan notas que quedan transcritas en el aire. 
Estoy presente, mi mirada está distraída;
se aturde con la mente que inventa e imagina
con lo más me inspira: mis alegrías, mis tristezas.
Exhaustas mis vertientes están
de escarbar y de buscar en cajones y alacenas
mis dones femeninos, aquellos de los que carezco
y la sociedad dice que tengo de nacimiento.
Arañados se quedan ya.
Mi letargo culinario sobresale cuando el azúcar y la sal lo confirman:
nosotras no somos sus amigas, no nos sabes la medida.
Lo sé, no tengo habilidad cuantitativa; mi astucia es cualitativa.
Ellas, mezcladas con otros sabores evocan a mis amadas añoranzas,
esas que de un sorbo alimentan mi vaporosa existencia.
Como es de costumbre, de nuevo me visita.
La ansiedad de mi cuerpo brota por mis largas espinas,
dejando delgadas, negras y táctiles huellas
que yacen sobre muchas alfombras.
Ella no se despide, ahí está, la veo cómo se va,
también la siento llegar.
El ciclo se renueva y el arrepentimiento,
convertido en huecos, se refleja en cada charco. 
Por las noches llega a mi alcoba otra invitada inoportuna: temerosa vanidad.
En el otoño los pliegues se acentúan,
se apresuran a presumir mis enredaderas,
mi longevidad y el cúmulo de mis melancolías.
Mis amaneceres no saben de horizontes.
No tardo en cerrar los ojos, y,
recuerdo mis ruegos en penumbra.
Mejor callo, me apeno,
almaceno mis amargos pensares en mis múltiples cajas,
esas que se adornan de botánica: mariposas y flores silvestres.
Esas que escondo desde que era una niña.
Les pongo cerrojo.
Abro los ojos, estoy en el presente.
Pronto conmemoro lo que el mes de junio y mis ancestros, planeaban.
Mis ramificaciones florecieron con toda mi herencia,
mi vientre echó raíz y mi mente inquieta ahora escribe.

*DR de cada una de las autoras. El equipo de Luz Vesania no ha editado, corregido o modificado estos textos. No nos hacemos responsables de las opiniones que nuestras colaboradoras aquí emitan; así como tampoco somos responsables por los comentarios de las y los lectores publicados en este sitio web.
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