Selección de poemas del libro En la honda del tiempo
Muestra de poemas del libro En la honda del tiempo de María Teresa Gutiérrez*
Sus poemas aparecen en publicaciones como El Zahair, Trashumancia, El Occidental y El Informador y Al Margen y en las antología Fabulaciones, imaginería y libertad (Paraíso Perdiso, 2018), Cola de tigre (Luz Vesania, 2018), Alquimia de aguas decantadas.
Caracol
El tiempo en sus laberintos
en su carcoma de espirales
ahora absoluto
a ratos incierto
se desintegra
Medido en sus arenas
recobra su forma:
caracol de cada instante
Vuelta y regreso a la concha
Ir y volver por su ruta,
revela el oleaje circular
del incansable sentido.
Camino fortuito
Roca
en confusa honda
miras al mundo en tu giro
lance de incertidumbre en el trayecto
donde pesa el azar
Flotas
La abierta fronda de los tiempos
la mirada del otro
ajena o cercana
tocan apenas la epidermis
Quieres sumarte a su danza
bailar a su ritmo,
ver de frente el chorro que brota
en el lenguaje de los días
pero no te advierten
su mirada está en otra parte
Bajo la onda
círculo sin parada
vas dejando el río insondable
en tu camino:
pasos repetidos en cada vuelta
contra el horizonte que gira
En soledad
en el centro del aire
circundas el infinito
Principio
El tiempo en sus puños
abrió tu frente
recogió tu expulsión con yemas de tierra
con un soplo te asomó a los ojos
el día, que es el sol
Fuiste balbuceo de luz
argamasa de muerte
Tu nacimiento abre la brevedad
existencia es escoria reiterada
La historia se construye en decadencias
repetidas del cuerpo
Similar al polvo
viruta de roca
o sedimento
fuiste piedra caliza
El río sin regreso abrió la palabra
en tu nombre
dibujó la existencia
con líneas de un mapa sin compás
En el azogue, la luz te bosqueja
similar a su recuerdo
la sombra te deshace:
juego continuo de formas circulares
La noche abre sus alas
cierra sus repechos al día
te regresa al fin que es principio
borra las señas de tu cara
Camino estéril
Perdida en el pensamiento
la mujer persigue el recuerdo:
inútil huella del cincel
tallado de costumbre
Silenciosa, sin fatiga
corre a su ritmo
Se detiene en la imagen del río que fluye
en la melodía que lo circunda
en el verde de los pinos
La luz ciega la imagen
Sin tacto
vuelve al punto que le devuelva el pasado
el futuro
Nada encuentra:
la eternidad es un hilo que se escapa.
Fluir
Abandónate a este río de las cosas
Abre la puerta de las posibilidades
Abraza el surtidor de tiempo
Navega por el líquido espeso de la eternidad
Sé cuenca de un vacío creciente
que mantiene el soplo encendido
Mira
siente los ojos del infinito
en la vuelta de los días, en el hacerse del tiempo
Huele
pega los agujeros del olfato a los siete vientos
aspira hasta llenar los pulmones del devenir implacable
Palpa la llama del silencio, arde en sus esteros
Abre los poros de la tarde
toca esta membrana húmeda
Rasga estas paredes de salitre que marcan los límites
Abre las aletas al vacío
veleta en movimiento: ahora norte
luego sur, más tarde poniente
Configurar las voces de los signos
abiertos a ese decir, a ese mirar de siempre
Recorre la espiral divina de ese sabor a luz
pegado a los paladares
Déjate ir por las aguas anfibias que pasan
que estallan en riscos del estar haciéndose
Muerde con dientes abiertos el tiempo
Polvo de luna
Una línea delgada desciende del techo
sobre su transparencia, las patas suaves
del arácnido
columpian el viento que guarda su vientre
¿A dónde van sus patas nocturnas?
¿Por qué vértebra caminará su empeño?
Deja la altura para reunirse en su juego:
las yemas aéreas
abren lentamente los pétalos de su sexo
lo enjuaga con caricias
Llena de traslúcida savia de molusco:
en un gemido, baña la noche
Humedad
aire
luz
se enredan en la luna que pulveriza la noche
camino transparente
donde la intimidad de esferas en su cielo
desprende la armonía de un callar ahora
Migas
1.
Por este corredor de luz que es el día
He dejado mi rastro:
caja de tiempo que guarda mi huella
2.
Aún tienes los pasos que me pierden
las migas que me encuentran
aún tienes el rastro que deja mi paso
en el bosque de tu vientre
3.
El pasado en tus manos
recuerda una tarde que atraviesa mi cuerpo
cuando lancé mi soga a tu cuello
dejando un rastro de sal
saliva, salvación, silencio
Cataclismo
I
Náufragos tras el sueño
otro, en otra parte, callado se ata a los viejos ruidos
Desde esta columna se adivina la ruina
este tiempo de tormenta transpira lo inminente:
el nacimiento de lo imposible
Regresa a la noche de tu reino
vuelve por la ruta de sus mapas oxidados
donde en verdad estabas
torna al secreto que eres
no te desvíes de la catacumba de la duda
El sol sigue tu paso con los zapatos de siempre
no muda los calcetines, camina de corbata y maletín
de retorno a casa
La lluvia es la magia de siempre, anega de paz el momento
Yo
me ahogo de tanto recuerdo
-haz de luz, esclava presente desde el día del juicio
siempre retornando por los filtros de la tarde-
Ayer
rescaté el antifaz de la rosa
en el jardín perdido de la infancia
Circunloquio
Cada día dibujo mi nombre
Luego lo tacho, lo borro, lo dibujo, lo tacho
Y lo vuelo a escribir
Todas las mañanas proyecto mi imagen
en el espejo del día
Luego la borro, la dibujo, la tacho
y la vuelvo a proyectar
Cada noche toco mi sexo
Luego lo borro, lo tacho, lo toco, lo tacho
y lo vuelvo a tocar
Durante las horas que pasan
pienso mi nombre, mi imagen, mi sexo
luego los borro, los tacho, los pienso, los tacho
Y los vuelvo a pensar
Camino en un círculo
se nubla la imagen extraña
que me regresa el día
En la honda del tiempo
Sobrevolamos esta onda irreversible de agua
con alas de ángeles caídos
Descendemos de los cielos callados por la luz
del vacío; procedemos
del aliento, de la nada
Provenimos de un paraíso redondo y cálido
de abismos procedemos
Llegamos a esta tierra calcinante
donde el viento hincha las bolsas huecas del olfato
Como pequeños dioses llegamos
separamos la sombra y la luz; la tierra y el agua
Somos seres originados en el lodo ancestral
croamos aún, cuando anuncia la lluvia
Cargamos la memoria heredada por la sangre
náufragos en laberintos de un hacerse interminable
Sabemos el sonido de la palabra
por repetida voz incipiente
Cincelamos cada objeto puesto en labios
del pensamiento
Atrapamos con redes y etiquetas
ese clamor que cuestiona desde fuera
Nos arrastramos por las marcas convencionales
de un par de manos que caminan persiguiéndose
Somos piezas acabadas por las voces precedentes
Buscamos nuestro rostro a cada paso
nos vemos en sus ojos
Nadie nos salva, no podemos salvar a nadie
Solos seguimos la ruta del viento puesta al horizonte
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